crecimiento economico en chile a la baja

Se debilita el crecimiento económico en Chile: alerta por IMACEC

El IMACEC de febrero cayó un 0,3%, completando dos meses consecutivos en negativo.Analizamos qué está frenando el crecimiento económico Chile.

El crecimiento económico en chile enfrenta dos meses consecutivos en terreno negativo. La economía chilena arranca 2026 con una señal que nadie quería ver: el IMACEC de febrero cayó un 0,3%, muy por debajo de lo que esperaba el mercado. ¿Qué está pasando realmente y qué viene después?

Lo que revelan los primeros meses

Chile llegó a 2026 con expectativas moderadas pero razonables. La inflación había cedido, el precio del cobre se mantenía en niveles favorables y el mercado anticipaba un año de recuperación gradual. Sin embargo, las primeras cifras del año han roto ese optimismo de manera brusca. El crecimiento económico en Chile atraviesa una de sus peores entradas al año en más de una década, y el dato de actividad de febrero confirmó esta semana lo que muchos analistas ya intuían: la economía está frenada, y no por razones menores.

El Banco Central informó que el IMACEC de febrero de 2026 cayó 0,3% frente al mismo mes del año anterior, luego del -0,1% registrado en enero. Son dos meses seguidos en negativo. Para encontrar dos meses seguidos de contracción del IMACEC hay que remontarse a 2023, concretamente a abril y mayo. No es una señal para ignorar.


Qué está pasando con la economía chilena

El año empezó con cierto momentum. El cobre superaba los US$6 la libra, la inflación había convergido a la meta del Banco Central y las proyecciones de crecimiento para 2026 rondaban entre el 2% y el 3%. Nada mal, en apariencia.

Pero el escenario cambió con rapidez. La guerra en Medio Oriente ha elevado considerablemente los precios externos de la energía y ha añadido un alto grado de incertidumbre a las perspectivas para la economía global y local. A eso se suma un ajuste fiscal relevante: el Banco Central redujo el rango de crecimiento del PIB para este año a 1,5%-2,5%, desde el 2%-3% proyectado en diciembre.

Dicho de otro modo: Chile enfrenta simultáneamente un shock externo de precios energéticos, incertidumbre global y la necesidad de apretarse el cinturón fiscal en casa. La combinación es exigente.


Qué es el IMACEC y por qué importa tanto

Antes de analizar el dato, vale la pena explicarlo para quienes no están familiarizados con la jerga económica.

El IMACEC —Índice Mensual de Actividad Económica— es, en términos simples, el termómetro mensual de la economía chilena. Mientras el PIB se mide cada tres meses (y con rezago), el IMACEC entrega una fotografía aproximada de cómo le fue a la economía en cada mes del año: si subió o bajó, cuánto y en qué sectores.

Lo publica el Banco Central y es una de las cifras más esperadas por economistas, empresarios e inversionistas. Cuando el IMACEC cae, significa que la actividad productiva del país se contrajo respecto al mismo mes del año anterior. Y cuando eso ocurre dos meses seguidos, la señal es clara: algo no está funcionando bien.

El crecimiento económico en Chile depende en parte de este indicador para orientar decisiones de política monetaria, inversión privada y expectativas del mercado. Por eso su publicación mueve mercados y genera titulares.


Por qué el resultado de febrero fue peor de lo esperado

La sorpresa negativa fue significativa. Los analistas proyectaban un rango de entre 0% y 1,7%, confirmando un complejo arranque de año para el país. La Encuesta de Expectativas del propio Banco Central apuntaba a una expansión de 1,8%. El resultado real: -0,3%. Una brecha que no se explica con un solo factor.

El golpe vino principalmente desde la producción de bienes. La producción de bienes fue el componente más afectado, registrando una fuerte caída de 3,7% en doce meses, arrastrado por bajas productivas en la industria manufacturera, la fruticultura y la pesca extractiva. Sectores con fuerte componente exportador, especialmente sensibles a las condiciones climáticas y a la demanda externa.

La producción de bienes retrocedió 3,7% anual, lo que supone su peor desempeño desde marzo de 2023. No es un tropiezo menor.

Por su parte, la minería mostró un crecimiento de 1,0%, impulsado por una mayor extracción de litio y oro, aunque parcialmente compensado por una menor producción de cobre. Y el sector servicios actuó como colchón parcial: los servicios crecieron 1,6% anual, impulsados principalmente por los servicios personales, destacando el área de salud.

Pero ese crecimiento de servicios no alcanzó para compensar la caída industrial. El comercio mayorista también golpeó: la caída del comercio mayorista se vio afectada por menores ventas de alimentos, particularmente de exportadoras de frutas, y en cifras desestacionalizadas el sector cayó 2,3% mensual.

Desde el gobierno, la lectura fue directa. El Subsecretario de Hacienda, Juan Pablo Rodríguez, advirtió que estas cifras confirman un escenario de estancamiento económico que requiere acciones inmediatas, señalando que «Chile continúa demostrando la necesidad urgente de ejecutar medidas que impulsen la productividad, la inversión y el empleo.»


Qué efectos puede tener este frenazo en el crecimiento económico Chile

Un IMACEC negativo no es solo una cifra estadística. Tiene consecuencias concretas para familias, empresas y trabajadores.

Consumo: Cuando la actividad cae, el mercado laboral tiende a enfriarse. Menos horas trabajadas, menos contrataciones y menor confianza del consumidor se traducen en hogares más cautos con el gasto. El consumo privado sostuvo su dinamismo en 2025, en medio de mejores expectativas de los consumidores y un sostenido aumento de los ingresos laborales reales. Ese soporte podría debilitarse si los datos siguen siendo negativos.

Inversión: La señal de dos meses consecutivos en rojo genera incertidumbre. Los proyectos de inversión —especialmente los de mediano plazo— tienden a postergarse cuando el panorama es poco claro. La formación bruta de capital fijo siguió expandiéndose, pero a un ritmo menor. Si el contexto externo empeora por el conflicto en Medio Oriente, ese ritmo podría frenarse aún más.

Empleo: El mercado laboral chileno ha mostrado resiliencia, pero no es inmune. Una economía que no crece tiene menos capacidad de absorber fuerza de trabajo. La preocupación por el desempleo ya venía escalando antes de este dato.

Empresas: Los sectores más afectados —agroindustria, pesca, manufactura— enfrentarán presión sobre sus márgenes y su capacidad de inversión. Exportadoras de fruta y productores pesqueros ya experimentaron un febrero complicado, y si las condiciones climáticas y de demanda externa no mejoran, el primer trimestre completo podría cerrar en territorio negativo.


Qué se viene para los próximos meses: escenarios y proyecciones

El horizonte no es despejado, pero tampoco catastrófico. Depende mucho de cuánto dure y cuánto se intensifique el conflicto en Medio Oriente, y de la velocidad con que el nuevo gobierno implemente sus medidas pro-inversión.

En el escenario base, el Banco Central proyecta que la inflación tendrá un alza importante en el segundo trimestre, asociada principalmente a los mayores precios internacionales de los combustibles, situándose en torno al 4% anual. Eso complica el escenario para las tasas de interés y el bolsillo de los hogares.

Para el PIB anual, las proyecciones ya fueron recortadas. El Banco Central ajustó a la baja sus estimaciones, situando el rango de expansión entre el 1,5% y el 2,5% para 2026, desde el 2%-3% proyectado en diciembre. La brecha es relevante y refleja cuánto ha cambiado el contexto en pocas semanas.

Sin embargo, hay factores que podrían sostener cierta recuperación en el segundo semestre. La inversión minera —cobre y litio— sigue siendo un motor estructural. Se prevé que la inversión en la minería del cobre y el litio impulse el crecimiento, beneficiándose de la fuerte demanda del sector de las energías renovables a nivel mundial. Y si los precios de la energía se estabilizan y el conflicto externo no escala más, los meses de abril en adelante podrían mostrar una recuperación moderada.

El timing también importa: el primer trimestre del año suele tener efectos estacionales en la pesca y la fruticultura. Si esos factores se normalizan, la comparación anual de marzo podría ya mostrar una mejor cara.


Una señal que no se puede ignorar

Dos meses en negativo, expectativas incumplidas y un entorno externo deteriorado. El crecimiento económico en Chile enfrenta su prueba más exigente desde 2023, y esta vez en un contexto particularmente complejo: cambio de gobierno, ajuste fiscal, inflación al alza por shocks energéticos y una economía global que también está perdiendo ritmo.

La tentación fácil es minimizar el dato o atribuirlo a factores puntuales. Hay algo de verdad en eso: la fruticultura y la pesca son volátiles. Pero la tendencia de fondo —dos meses consecutivos de caída, con el IMACEC no minero también en negativo— no se explica solo con factores transitorios.

La pregunta real es si Chile tiene los instrumentos y la velocidad de respuesta para reencauzar su trayectoria antes de que el estancamiento se consolide. El gobierno entrante tiene claro el diagnóstico, pero los diagnósticos no mueven economías: las inversiones, las reformas y la confianza sí lo hacen.

Chile tiene los activos para crecer. El cobre, el litio, una institucionalidad sólida y una clase empresarial activa son ventajas reales. Pero también tiene una deuda pendiente consigo mismo: llevar su crecimiento potencial —estimado en torno al 2%— a algo más parecido a lo que el país necesita para mejorar de verdad el bienestar de su gente.

Los próximos meses dirán si febrero fue un tropiezo o el inicio de algo más profundo. Conviene estar atentos.


Artículo publicado el 2 de abril de 2026. Fuentes: Banco Central de Chile, IPoM marzo 2026, La Tercera, Cooperativa, Epicentro Chile.